Qué caja de herramientas tienes tú?

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En estos días estoy celebrando el primer aniversario de que me volví la orgullosa propietaria de una buena caja de herramientas. Hasta ahora había hecho unos míseros intentos en algunas cajas de zapatos con herramientas multiusos de florecillas dignas de Pitufina, con algún que otro clavo encontrado por ahí y un martillo infantil. Para aquel entonces estas pequeñas y representativas cajas de herramientas eran unas escuetas metáforas de mi caja de herramientas personal.

A ver si me explico. Yo con 18 años decidí, como resultado de una mezcla de pavor descomunal hacia las matemáticas y ganas de ayudar al prójimo, estudiar psicopedagogía. Sobretodo lo último era algo que tenía muy claro en mi cabeza, pero dentro de mí no sabía exactamente cómo hacerlo.

Porque claro, mi caja de herramientas para aquel entonces era un lío, no reconocía las diferentes herramientas ni sus usos. Todo era un gran agujero negro, y evidentmente así no se puede ayudar a nadie.

Como pedagoga considero ahora, desde mi próxima crisis de los 40, que los niños no vienen con un pan bajo el brazo sino con una caja de herramientas por estrenar. Es decir, una caja abierta pero carente de contenido. No me malinterpretes, no me refiero a la bendita idea de la «tábula rasa». Me refiero a las herramientas que tenemos para poder VIVIR.

En esta caja de herramientas nuestras familias y seres más allegados nos dan sus aportaciones. Nos dan destornilladores para evaluar, martillos para reforzar y muchos tornillos, tiras, clavos y demás para poder darle coherencia a nuestra existencia. Por suerte o por desgracia la calidad de estas herramientas varía, porque evidentemente nuestros padres nos dan parte de lo que ellos mismos heredaron.

Por lo tanto, hasta cierto punto todos aportamos a las cajas de herramientas de los niños las herramientas que nosotros conocemos. Por supuesto que en algunos casos la calidad de lo que entregamos puede mejorar. Pero eso supone conocer los diferentes tipos de herramientas y como mejorarlas. Has pensado en ello?

Volviendo a mi ejemplo, mi caja de herramientas era más bien caótica. Reconozco a día de hoy que ni reconocía las herramientas ni conocía su debido uso. Y menos en que situaciones usarlas. A estas alturas del partido, acepto que simplemente fue así.

Ahora…cuando nació mi primer hijo, me hice consciente de mi caja. Se hizo más clara, no en contenido sino en su potencial. La mayoría de los padres quiere darles lo mejor a sus hijos, y como yo no creo en dar regalos materiales, pasé muchas horas llorando y trabajando con mis propias herramientas. No podía y no quería entregarle el caos y la caja tan pesada que había estado cargando durante años. Como madre quería entregarles el mejor regalo del mundo: una caja de herramientas sencilla, práctica, realista y especial a cada uno de mis hijos.

Os habéis dado cuenta de que aunque existan caja enormes de herramientas con mil utensilios diferentes, normalmente usamos siempre los mismos? Los niños necesitan simpleza y claridad, pero sobretodo hacerles saber que esa caja es entregada con todo el amor del mundo, que les vamos a ayudar a cargarla si el camino se hace pesado, que les ayudaremos a utilizar las herramientas y que pase lo que pase, esa caja que ellos van llenando en su recorrido por la vida es única y especial.

Por eso me gustaría haceros saber que entiendo que el abrir cajas de herramientas cuando faltan la llave inglesa o las tenazas, quizás echamos de menos su presencia. Que quizás muchas herramientas están rotas u oxidadas, que algunas son pesadas y lúgubres, mientras otras ya no sirven y se tienen que reemplazar. Sea cuál sea la tarea, a mucha gente le cuesta mirar ahí dentro. Duele. Y a veces el dolor no nos deja ver con claridad porque no sabemos como reparar lo que hay dentro. Por eso es importante respetar a las personas: no conocemos la historia de su caja de herramientas. Ni sabemos si esa persona se encuentra en un proceso de limpieza.

Sólo tómate un tiempo para mirar dentro. Muchas veces duele ver lo que hay, otras veces no tenemos otra opción que ordenar ahí dentro, pero sea como sea recuerda. El dolor es el primer paso para poder tomar el control. Para mí ha sido un proceso radical…mi caja de herramientas se cayó por los suelos en enero del 2013. Me quedé immóbil pero mi cabeza vió la oportunidad que tenía. De empezar de cero, de llenar mi caja de herramientas con lo que yo realmente quería. Ha sido un trabajo duro que aún no está del todo completo, y ha habido muchas personas maravillosas que me han ayudado a escoger, a ordenar y poner en su sitio los utensilios. Ahora me siento mejor preparada para vivir. Para seguir caminando.

Como adultos lo más importante es poder reconocer y hacer las mejoras que nos puedan ayudar a caminar por la vida superando los malos momentos y disfrutando de los buenos. Y pensando que en lo mejor que les podemos dejar a nuestros hijos son unas buenas y efectivas cajas de herramientas dónde la paz, la autoestima, la creatividad y el creer en sí mismos esté en su lista de utensilios básica.

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