Sr. Jeque, mis ovarios seguirán conduciendo unos años más

Nosotras pensando que habíamos llegado tan lejos. Mujeres independientes, educadas, algunas madres, otras casadas.

Pero con la notícia que apareció el día 29. de Septiembre http://www.elmundo.es/elmundo/2013/09/29/internacional/1380468355.html dónde un clérigo árabe justificaba el hecho de prohibir conducir a las mujeres diciendo que nos provoca dolor de ovarios y de pelvis. Una sugerencia interesante, sobretodo pensando que el susodicho en cuestión carece de ambas partes, pero supongo que para él eso es un detalle sin importancia.

Este tipo de notícias que algunos se tomarán a guasa, sólo confirma que tenemos que pararnos a ayudar a muchas otras mujeres en el mundo. Lo que para algunas de nosotras lo tomamos como una libertad, para otras mujeres es una alternativa que no existe porque seres sin ovarios lo deciden por ellas.

En el mundo hispano, con la guasa y la sorna que nos caracteriza, tenemos una frase que tampoco se queda atrás: «Mujer al volante, peligro constante», siendo que según varios estudios http://www.slideshare.net/disenografico2009/estadisticas-info-oral-editado-16633664 demuestran que es todo lo contrario.

Pero, quién no recuerda los primeros años de iniciación a la conducción? Yo recuerdo muchas cosas, pero desde luego el dolor de ovarios o de pelvis no están entre ellos.

El primer recuerdo que me viene a la mente es el de matricularme en la autoescuela. Sobretodo porque había un chico allí que me pidió para salir pero yo no me atreví porque era muy viejo, él tenía 25 años y yo 18.

Aparte de esto recuerdo el libro de teoría y los sentimientos que me despertó teniéndolo entre mis manos. Me levantó los mismos sentimientos que si intentara leer un libro en sánscrito. Un lenguaje secreto, arcáico, que me hablaba de señales, luces y demás reglas que me costaban entender. A regañadientes me fui adentrando en este mundo hostil.

La parte de la lectura no fue tan dura en sí, lo peor fue presentarse a la prueba teórica. Los nervios lógicos de la situación hicieron que tuviera que repetirla tres veces. Siempre he sido muy concienzuda y con la firme creencia de que el único camino para el aprendizaje es la perfección. En estos momentos mi padre no cabía en sí del orgullo. Qué bien que le estamos regalando tanto dinero a los de la autoescuela!!.

Lo bueno se hace esperar, y eso incluye muchas cosas en la vida, pero ya con la teórica en mano llegaba la parte apasionante e interesante. Poder tocar un volante, poner las marchas, ser libre como el viento….viendo la cara de estupefacción y de horror del profesor, pero ése, es un detalle sin importancia.

No recuerdo exactamente cuántas prácticas hice. Lo que sí recuerdo es que seguí concienzudamente mi plan y al final me presenté al exámen práctico. Qué ilusión!!!. Recuerdo que nos teníamos que reunir cerca de una de las estaciones de ferrocarriles y obedecer las instrucciones del profesor. Sólo me cabe comentar que la primera vez suspendí por exceso de velocidad. La segunda y la tercera por lo mismo. La cuarta había aprendido y aunque conduje como una tortuga reumática, me metí en una calle en dirección contraria y a la quinta….aprobé!!. Por fin, recuerdo tan bien la alegría con la que llegué a casa e informé a mi padre de que ya tenía el carnet de conducir. Su respuesta fue muy alentadora: «Ya era hora, hija, ahora aumentaremos la cobertura del seguro y avisaremos la primera vez que salgas para que la gente se quede en casa». Qué hermosas palabras de aliento, cuánta esperanza puesta en mí.

Las siguientes semanas fueron estupendas. El poder ser independiente, ir a lugares remotos, poner otra música que no fuera Nino Bravo y Rocío Dúrcal, experimentar el poder de tomar mis propias decisiones. Muchos tuvieron el honor de acompañarme en mis primeras maniobras al volante, mis primos, mis padres, mi hermano.

Lo curioso es analizar las diferentes reacciones que tenían todos. En común tenían que todos bajaban más pálidos de lo que subían y ninguno quería repetir. Yo estaba encantada de poder pasear a la gente, eso sí.

Mi padre tenía dos reacciones. Una para cuando se sentaba en el coche y la otra para cuando yo aparcaba. Cuando él se sentaba de copiloto, entraba al coche con cara de estar yendo a su propio entierro. Ya sentado se agarraba con la mano derecha del agarradero que está encima de la puerta y con la mano izquierda en el freno de mano. A mí me parecía una pose un poco estresante, sinceramente. Pero cuando la primera se me ocurrió decirle que se relajara y que disfrutara del viaje me contestó: «Tú mira para delante y no hables». Confirmo que llegamos sanos y salvos de vuelta.

La segunda reacción de mi padre era cuando yo aparcaba. Era definitivamente la señal de que controlaba el arte de conducir, todos sabemos que maniobras tan precisas y justas se tienen que hace para meter los coches en los espacios reducidos de aparcamiento. En el caso de mi padre, un día yo llegaba a casa y él estaba plácidamente en el balcón. Le saludé con la mano y le grité al más puro estilo español: «Mira cómo aparco, papá». Y así lo hice. Cuál fue mi desilusión al salir del coche, vi que mi padre ya no estaba en el balcón. Al llegar a casa le pregunté porque no había visto mi elegancia al aparcar y me contestó con cara de póquer: «No te preocupes, no hace falta que te vea, que ya lo he oído desde aquí». Qué barbaridad, pensé yo, mi padre tiene oído supersónico y yo tantos años sin saberlo!!.

Supongo que entre estas líneas te habrás reído. Pero la conducción es un ejemplo de temáticas en las cuáles durante años los hombres las han querido tener en su dominio. En su día, era lo mismo el montar a caballo a horcajadas. Eso no era para señoritas.

No creo ser la única mujer que ha hecho frente a este tipo de comentarios jocosos, pero sí deberíamos de ir acallándolos. Que el machismo se disfraza de ironía, y con humor podemos pagar. Las estadísticas sobre los hechos no mienten. Es importante reflexionar sobre las intenciones de los comentarios y cómo reflejan ciertas jerarquías según los sexos.

Este ejemplo es el de la manera aún de pensar de muchos hombres en el mundo entero. Yo quiero que sigamos luchando para que todas las mujeres tengan las mismas libertades, derechos y oportunidades que las mujeres en Europa. Sin importar dónde viven, qué religión profesan, a qué elección política escogen ni con quién se acuestan.

Qué vas a hacer tú hoy para ayudar a otras mujeres? Podemos empezar por confirmar que nuestros ovarios siguen sanos y con ganas de conducir.

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