Escuelas sin corazón

Estaba hace unos minutos como muchas otras noches leyendo las noticias después de acostar a los niños. Los últimos años con el auge de los medios sociales estamos constantemente bombardeados por noticias presentadas sin sentido crítico y con el objetivo de asustar. Ver fotografías de inmigrantes cruzando el Mediterráneo y siendo recibidos a golpes y balazos hace que pierda la fe en la humanidad. Gente durmiendo en las calles sin comida. Guerras y violencia callejera.

Nosotros los europeos, que nos jactamos de ser sociedades avanzadas, con buen nivel de vida y con buenos niveles educativos, estamos tratando a otros seres humanos como si fueran basura. Me da vergüenza pensar que provengo de una parte del mundo que ha sabido cultivar las mentes y ha olvidado el corazón.

Hemos sido pioneros en crear jerarquías inútiles para clasificar a las personas, hemos estandarizado la infancia y hemos impuesto el rol de ser ejemplos a seguir para el resto del mundo. Espero que paguemos caro nuestro ego. Porque esta noche, y muchas otras noches anteriormente, la apatía conquista mi alma y no sé hacia dónde nos dirigimos. Hemos perdido completamente la dirección. Y no sé cómo nos vamos a rehumanizar.

Se perfectamente que la violencia no lleva a ninguna parte. Soy pacifista y creo que las personas no se comportan mejor porque no saben hacerlo de otra manera. Pero será posible que seamos tan poco? Será posible que no nos conmueva ya la desgracia ajena?

Hemos creado un sistema inhumano de competitividad entre nosotros, dónde sólo el más fuerte gana. La solidaridad está vista como una debilidad y el mostrar sentimientos y emociones es visto con inferioridad. Y mientras leo las notícias con el corazón en un puño, pienso en mis hijos.

Mis hijos que participan en un sistema educativo dónde tratamos a los niños como a pollos de naves industriales. Creced rápido, producid, morid. No importa cuáles sean tus habilidades, todos son iguales y deben parecerse al niño promedio que algún adulto imaginó. Desde pequeños les inculcamos que deben de obedecer sin cuestionar, que deben de tener las mejores calificaciones para poder sobrevivir. Que tienen que vivir para el sistema enfermo que hemos creado.

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Ahora toca reinventar la historia. Nos toca vivir con el corazón. Y el corazón no conoce de fronteras, ni conoce de religiones. Al corazón no le importa tener cuenta bancaria ni la ropa de marca.

Por eso nuestra obligación es crear ambientes donde los niños, nuestro futuro, sea creado a partir del corazón. De la solidaridad, de la humanidad. En lugares dónde los niños puedan correr, trepar a los árboles, que puedan investigar todo lo que los ojos no pueden ver. En espacios dónde aprendan a que se llega muy lejos cooperando con otros, y que nuestras diferencias son nuestra fuerza. Leer, escribir y contar son buenas herramientas mas no las únicas para entender el mundo. Los niños pueden desarrollar su empatía, su autoestima, sus habilidades cooperativas.

Porque nuestro futuro depende de las semillas que plantemos ahora, dejando que los corazones de nuestros hijos se desarrollen en todo su potencial.

Nuestro sistema nos deshumaniza. Volvamos a comenzar.

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