El patriarcado se acaba conmigo. Confesiones y sugerencias de una madre de dos varones.

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(Foto: Christopher Dombres)

 

Cultura y ética. Dos temas que chocan en cuánto a feminismo se refiere. Creciendo en la España de los 80, recuerdo perfectamente cómo sentía en el cuerpo el choque entre mi código ético como individuo y las reglas impuestas por la cultura machista.

Más aún porque crecí con mi hermano menor, con lo cuál vivía las diferencias obvias entre ser criado con pautas masculinas y con pautas femeninas en un país altamente marcado por el patriarcado. Cabe comentar aquí que los dos hemos sufrido de diferentes maneras el maltrato emocional y psicológico que supone el no querer seguir las pautas sociales marcadas.

La diferencia es que yo decidí irme para poder sobrevivir. El destino geográfico no es lo importante aquí, sino el viaje interior para encontrarme a mí misma desechando todas las ilustraciones negativas, cohercitivas y limitadoras que se me querían imponer.

Nunca me he visto ni me veré en ninguna deficinión de roles, muchísimo menos cuando me intentan ser impuestas. Supongo que aunque mientras era joven no conocía ningún substantivo para describir mis ideas, durante mis estudios de licenciatura escogí asignaturas para entender mejor los movimientos politicos feministas. Y el cielo se abrió. Por fin fui capaz de entender la razón de mi malestar. El maldito sistema patriarcal.

Viviendo libre sin objetivo

Unos años antes de entrar en la universidad había empezado la batalla. La batalla que sigue durando contra personas que se creen con la razón de informarme sin haberlo pedido sobre las decisiones que yo tomo sobre mí misma y sobre mi vida.

No entiendo ni acepto el uso, según muchos bien intencionado, de estar opinando sobre la vida de los demás. Muchos creerán que en España el deporte nacional es el fútbol, pero yo puedo garantizar que el deporte nacional es opinar sin ser invitado. Es una práctica ampliamente extendida que se usa especialmente en ambients familiares o de gran confianza amistosa, dónde muchos se sienten con derecho de opinar sin que se les haya preguntado. Las reglas de este deporte existen siempre a favor del que opina, sea por edad más avanzada que la tuya, por lazos sanguíneos o amistosos. Como las reglas son tan amplias, en realidad las puede adopter quien sea y las víctimas tienen que escuchar lo que no les interesa y además, según el peso del rango del que opine, de hecho considerar lo que se les dice.

Esto es una patraña y un hábito horrendo que se tiene que acabar. Porque sobretodo hacia las mujeres nos dicen perfectamente cuando se nos pasa el arroz, qué tipo de trabajo hay que buscarse para compaginarlo con la família- porque es obvio que siendo mujer, quieres tener hijos, además de darte toda clase de consejos menores. Y calladita, que estás más mona.

Llega un momento en la vida de todos que necesitas mandar todo al carajo para poder empezar. A mí los deportes en grupo nunca me han aficionado, pero además mantenerlos sin ningún tipo de reflexión es considerarlo una herramienta más del sistema carroñero patriarchal.

Yo tuve que oír muchos comentarios sobre mi persona porque yo nunca pensé tener hijos, ni casarme ni tener vivienda de propiedad. A ojos de mucho, yo no era nadie porque no sabían clasificarme. Simplemente era la oveja negra de la família.

Pagando las consecuencias

Es innegable que todas nuestras acciones tienen consecuencias. Yo decidí salirme del Sistema, pero he tardado años en construir mi propia alternativa. Parecida a otros sistemas quizás, pero este lo he hecho hoy. Sigue en continua reforma, pero la joya de la corona no es para mí.

Porque com consecuencia de haber vivido durante años sin una alternativa al patriarcado pero aún así teniendo que sobrevivir dentro de él, hizo que en varias tandas haya necesitado ayuda psicológica. Ciertamente, luchar contra el sistema sola desgasta a cualquiera. Y no solamente he necesitado ayuda, sino que además he tomado decisiones que en principio no eran consecuentes con mi manera de pensar. Pero el pensamiento no siempre nos rige, y las emociones buscando estabilidad y seguridad muchas veces han ganado. Cuando te sientes insegura de tí, buscas la seguridad de manera exterior. En mi caso, mis anclas llegaron en forma de dos niños varones.

Ironías de la vida, se podría pensar. Lecciones, opino yo. Vivir como madre soltera.

Cuando mi estrategia de vida ha sido evitar, mis acciones han determinado que tenía que encarar lo que menos me gusta y más dolor me ha acarreado. Y cuando muchas veces he sentido derrumbarme por el tratamiento de esclavos a un sistema inhumano, he entendido que tengo el poder de cambiar el sistema. Es un trabajo interno, y no sólo conmigo misma. Sino con los valores que transmito a mis hijos día a día como madre.

Confieso que sigo luchando

Cuando mi hijo mayor nació, recuerdo que lo tenia en brazos y me prometí a mí misma que nunca tendría que experimentar lo que yo he vivido. Quiero tener a seres en mi casa que se sientan libres, queridos, que se ponen en el lugar de los demás y que respetan que cada uno es dueño de sí mismo.

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(Foto: privada)

Cada padre/madre conoce que regalos le quieren dar a sus hijos. Entre muchos otros, estos son los que yo les doy a los míos. Son semillas para que sean regadas por ellos, para que las hagan crecer y multiplicar. Así espero yo poder llegar a crear una sociedad dónde hombres y mujeres pueden ser libres. Por igual.

Por eso quiero compartir cuáles son las semillas que voy plantando, un poquito cada año.

Sobre gustos no hay nada escrito. Ellos escogen sus juguetes y sus actividades, escogen los colores de su ropa y dentro de su edad, el entretenimiento digital que quieran. No hay de niños de ni de niñas, hay gustos individuales. Punto.

Soy tu madre, no tu esclava. El amor incluye límites. Mientras los niños se van haciendo mayores hay ciertas actividades que yo he considerado importantes para hacerles personas independientes. Yo he escogido que un mínimo de limpieza en casa, hacerse de comer y cuidarse de su propio cuerpo es el mínimo. Mis hijos con 6 y 8 años ya tuvieron responsabilidad de limpiar su habitación, cambiarse las sábanas, poner la lavadora si les falta ropa limpia, hacerse de comer si tienen hambre y aprender hábito de higiene adaptados a su edad. Hoy, con 8 y 10 años, son capaces de estar en casa de manera segura e independiente durante un tiempo razonable. Yo los quiero muchísimo, pero cada vez me voy a negar a hacer más cosas por ellos. El camino de la independencia es darles las herramientas para que sean hombres responsables de sí mismos en su propia casa.

Sí cariño, las emociones están para expresarlas. Saber expresar emociones de manera no violenta es un objetivo en sí mismo. Yo motivo y respeto enormemente cuando mis hijos son capaces de expresar un diverso rango de emociones ya sea con palabras, acciones o expresiones corporales. En mi casa no acepto violencia de ningún tipo hacia ninguno de los miembros familiares. Ni entre ellos, ni entre ellos y yo. Deseo que mis hijos sean individuos en contacto con sus emociones y su cuerpo, que acepten lo que sienten y lo trabajen de una manera pacífica. Por supuesto que se enfadan, se irritan, se ponen tristes o contentos. Pero cualquier demostración emotiva nace de uno y respeta los límites de los demás. La agresividad no se contrae, se canaliza y se expresa sin dañar a los demás. Y estos límites empiezan en casa.

Un no es un no. El refrán español que dice “El que calla otorga” no aplica hacia seres humanos y esto en una regla en nuestra casa. No he querido esperar a la adolescencia en educar esta regla a mis hijos porque el respeto hacia los límites de otras personas empieza desde pequeños. Cuando uno le dice al otro que no puede tocar su juguete, el otro lo respeta y se busca otro juguete que usar. Así de sencillo. A la larga yo quiero que mis hijos entiendan que un no es un no siempre, y que mientras no te contesten, tú sigues sin hacer nada. Después de una pregunta no actúas hasta que la otra persona te haya dado respondido verbalmente de manera afirmativa. Así de sencillo.

Tu cuerpo es tuyo, ni tú tocas sin ser consentido ni te dejas tocar sin consentirlo. Sí, mis hijos y yo hablamos a menudo de esto. Sus límites corporales, que están estrechamente relacionados con el no es un no. Yo no puedo estar con ellos todo el tiempo y cada vez serán más independientes. Esta semilla educativa es basada en el respeto corporal hacia sí mismo y hacia los demás. Nadie tiene derecho a tocarte si tú no quieres, al igual que no va a tocar si la otra persona no quiere.

Y cariño, mucho cariño. Las idioteces de que los hombres tiene que ser fuertes y controlados es una falacia. Yo los abrazo cuando lo necesitan y les doy de la mano por la calle. Los respeto cuando no quieren un beso a la entrada del colegio y los animo a que lloren si algo les ha dolido. Esto es lo que necesitan, amor y seguridad para poder ser sí mismos.

 

El camino sigue. Seguramente muchas de estas reglas cambiarán o se harán más profundas mientras ellos vayan creciendo. Yo seguiré pensado que quiero soltar al mundo dos individuos con el corazón grande y la mente equilibrada, que aceptan a las personas tal como son y que con empatía vivirán para hacer un mundo major. Este escrito no es una receta. Es simplemente mi legado como madre que intenta dejar una buena herencia. El dar la oportunidad a mis hijos de crear un mundo sin patriarcado.

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